domingo, agosto 02, 2015

Nuevos malestares, viejos malestares

Estaba pensando que quizá el 2015 sea un año importante en términos musicales para el metal como lo fue 1996. Digo quizá porque no soy un estadista ni tengo el respaldo de un número importante de energúmenos (tuiteros, ‘facebookceros’) para decir que claramente es así, aunque de alguna manera percibo que el 2015 es la versión exacerbada de 1996.

Al grano: Pantera publicó The Great Southern Trendkill (1996); Ulver sacó un producto acústico, atmosférico y minimalista como el álbum Kveldssanger (1996); Sepultura, sí señores, llegó con Roots (1996); Masacre, con la productora independiente Lorito Records, arribó con el Sacro (1996); ya por fuera de Masacre, Mauricio Montoya publica a través de su sello discográfico Warmaster Records el Unholy Trilogy (1996), el único disco de su banda Typhon. ¿Es muy poco? Claro que sí, pero por favor no se queden solo con la cantidad. Piensen que ese mismo año dos grupos bien conocidos, en distintas dimensiones, salieron con discos problemáticos para sus seguidores más acérrimos: Reencarnación llegó con su álbum Egipto (1996) y a Metallica se le ocurrió sacar el Load (1996).

En 1996, sigo, la agrupación sudamericana Sarcófago publicó el larga duración titulado, no gratuitamente, The Worst. Este disco, que fue grabado con batería programada digitalmente, cuenta con canciones esclarecedoras sobre el momento de desencanto que se vivía entonces: ‘Purification Process’, ‘Army of the Damned (The Prozac's Generation)’ y ‘Shave your Heads’ son algunos de los temas, de donde vale la pena rescatar unas líneas de éste último:
Long hairs is not more,
a mark of the braves.
It became just a fashion,
and had lost it's anger. 
Alcohol in their guts, tattooing their arms.
The orgy goes night after night,
acting like bastards, to show their uprising.
Stop this while you still got time!!!

¿Que no es suficiente? Veo que están demandantes, pero tienen razón. Acá voy: después del rol que tuvieran Mauricio Montoya y César Mejía en la radio, puede hablarse de Román González con Corrosivo, programa que se emitió en vivo los domingos a las 11 de la noche a través de la emisora Radioacktiva (Medellín) desde 1996. Quienes tenían la posibilidad de acceder a señal de televisión internacional, pudieron observar que en 1996 la banda bogotana Neurosis Inc llegó al canal latino de MTV, específicamente al espacio Headbangers Ball, con el video de la canción ‘Verdun 1916’ (el mismo que le diera título al álbum de 1995). Por último: la primera vez que Colombia pudo apreciar no solo una banda de metal del orden internacional sino una banda extrema que no estaba apegada al canon de la velocidad fue en 1996, cuando fue visitada por Cathedral.

El recuento no es gratuito. Como logran apreciar (aunque me siguen faltando referencias y podría comenzar a ser cansón), 1996 marcó un giro de tuerca: por un lado podríamos hablar de un buen momento musical gracias al número de producciones, a la atención de los medios, al despligue técnico/tecnológico, a los conciertos importantes en Colombia; de otro lado está la cierta desazón que se percibe en el ambiente: cambios en la configuración del metal, tendencias sonoras inesperadas y hasta desagradables para algunos.

Ese mismo movimiento es el que precisamente parece estar viviéndose ahora mientras yo escribo y ustedes leen, aunque en unas dimensiones más notorias gracias (¿o lamentablemente?) al uso de internet. Para la muestra, un pantallazo:


El descubrimiento no es tal, pero asusta. La razón: no es de extrañar que mucha gente escuche un tipo de música; lo que llama al asombro es que esa música se haya considerado underground durante tanto tiempo (incluso en este mismo segundo que pasa). Quiero decir: lo que asusta es que nos sorprendamos ahora ante algo tan evidente: que el modelo underground en el metal no existe, que es insostebible desde antes del cambio de siglo, aunque se quiera persistir en ello. Que precisamente desde 1996 se dio una vuelta de tuerca que anunciaba lo que apenas ahora muchos han notado por el uso de las bases de datos, la digitalización de todos los procesos, por la convergencia de la tecnología, por la explosión de las redes sociales y el ascenso (¿?) del underground hacia el mainstream desde lo sonoro y el caos de la costura, de la moda. (Algo más o menos en ese orden lo dije acá mismo en 2013).


El 2015 nos abruma con las curvas de Kim Kardashian enfundando una camiseta de Metallica y una chaqueta de cuero. También con Kayne West haciendo lo propio con una de Megadeth. Pero no todo son penas en la vida. Este año trae consigo el más reciente disco de Paradise Lost, el de My Dying Bride y el de Arcturus, también un gigante álbum en vivo de Satyricon, un desconectado a todas luces abrumador de Katatonia, una tremenda reaparición de Gorgoroth y de Marduk, además de Carach Angren, Napalm Death, Hate, Venom, el siempre bienvenido Leviathan, el en cierta medida desenfocado Moonspell, el incansable perturbador de Nicklas con Shining, el no quiero perderme la fiesta de lo retro Cradle of Filth, los acá seguimos firmes y contundentes Cattle Decapitation. Y la lista seguiría pero me detengo porque hay que detenerse a pensar sobre lo que está pasando. O quizá no sea necesario hacerlo mucho porque ya sabemos hacia dónde van las cosas. No se trata de una gran novedad. Acá vamos de nuevo viviendo algo cercano a lo que vivimos en 1996 y que seguro otros con mejor memoria y más años tendrán en estos momentos su propio déjà vu. No se trata de algo esencialmente nuevo. O quizá lo sea para quienes solo se fijan en el aparataje, para quienes no se concentran en los detalles.


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